Una persona lee la descripción de un servicio, encuentra el párrafo que necesita y decide cambiar a un idioma con el que se siente más cómoda. Si el selector la devuelve al inicio, no obtiene una traducción, sino que tiene que empezar otra búsqueda. Para nosotros, esta es la prueba principal de una web multilingüe: ¿continúa la conversación con quien la visita después de cambiar de idioma?
Empezar por un mapa de equivalencias
Antes de traducir, conviene elaborar una lista de páginas y definir sus equivalentes. Las versiones de un mismo servicio, un mismo artículo o una misma página sobre el estudio deben formar grupos claros. Un identificador común del contenido resulta más útil que adivinar a partir de títulos parecidos: el título puede cambiar bastante al adaptarlo de forma natural.
La comprobación es sencilla en el archivo del diario: abrir un artículo concreto, cambiar de idioma y asegurarse de que se conserva el tema, no solo el diseño. Después conviene recorrer el camino inverso. Es un pequeño escenario de prueba, pero detecta mejor las equivalencias perdidas que contar las banderas de la cabecera.
La traducción no termina en el texto principal
Un título y unos cuantos párrafos todavía no convierten una página en una versión lingüística completa. Los pies de foto, los botones, los mensajes de los formularios, los nombres de las secciones, las explicaciones del control de sonido y el texto para cerrar un cuadro de diálogo también forman parte de la conversación. Cuando cambian de idioma de repente, quienes visitan la web tienen que conectar por su cuenta las distintas partes de la interfaz.
Dividimos la lista de revisión editorial en contenido y estados de la interfaz. En el primero comprobamos el sentido, la terminología y el tono. En los segundos abrimos el menú, provocamos un error y revisamos la galería y los elementos auxiliares. Para los formularios resulta útil nuestro análisis específico de los mensajes que ayudan a corregir un error. Estas indicaciones breves también necesitan traducción, en lugar de dejarlas para más adelante.
El nombre del idioma importa más que un símbolo decorativo
Una bandera puede ser una referencia visual familiar, pero representa un país, no todo un ámbito lingüístico. Por eso debe ir acompañada del nombre del idioma, preferiblemente escrito en ese mismo idioma. La selección actual debe ser visible sin pasar el ratón por encima, y la lista también debe poder abrirse con el teclado.
Probamos los nombres largos en una pantalla estrecha, sin comprimirlos en abreviaturas ilegibles. Si la lista no cabe, es mejor darle un desplazamiento controlado que permitir que tape botones importantes. Puedes leer más sobre esta forma de comprobar la interfaz en el artículo sobre navegación con teclado y foco visible.
Dos indicaciones técnicas con funciones distintas
El W3C recomienda declarar el idioma principal mediante el atributo lang del elemento html y marcar por separado los fragmentos en otros idiomas. Así se describe el idioma del contenido.
Según las recomendaciones de Google, cada versión lingüística debe apuntar a sí misma y a sus equivalentes mediante URL completas; los enlaces entre versiones deben ser recíprocos.
Comprobamos estos ajustes por separado de la experiencia de las personas: una lista técnicamente correcta no arregla un botón que lleva al lugar equivocado. Y, a la inversa, un selector cómodo no sustituye unas direcciones y unos metadatos coherentes. Esto no supone una promesa de indexación ni de una posición concreta en los resultados de búsqueda.
Una actualización del contenido afecta a todas las versiones
Después del lanzamiento, es importante evitar que la web se divida en varias ediciones con distintos grados de actualización. Cuando cambia la descripción de un servicio, un dato de contacto o una explicación importante, hace falta una breve lista de las versiones lingüísticas que se deben revisar. La fecha de actualización debe corresponder a una revisión editorial real, no simplemente a una nueva compilación.
Nuestro orden práctico es sencillo: primero acordar el contenido, después actualizar todos sus equivalentes, comprobar los cambios entre versiones y, solo entonces, publicar el conjunto completo. Así, la traducción sigue formando parte del trabajo en la web, en lugar de ser una capa decorativa. Un buen resultado pasa inadvertido: la persona elige otro idioma y continúa desde donde estaba.
